HISTORIA Y ESTILOS

El redescubrimiento de Kitsch



Si consideramos el kitsch como emblema del “mal gusto” estamos completamente fuera de moda. Nuestra era tiene sed de kitsch, basta pensar en lo que se propone como moda por los estilistas de hoy, en aquel templo del kitsch que es toda la ciudad de Las Vegas, en los productos de la Pop Art.

¿Pero que es el kitsch? Bajo la etiqueta de kitsch se acogieron en los años pasados toda la producción del liberty que hoy sabemos ha tenido notable importancia para el desarrollo del diseño, en todos los campos de la creatividad humana, en la arquitectura, en el amueblamiento, en la decoración, en los cristales, en las cerámicas...Pero el kitsch se reencuentra en cualquier forma de arte y en todas las épocas, cada vez que el producto artístico supera los esquemas del común “buen gusto” transgrediendo las reglas comunes de lo bello. Todos los objetos kitsch tienen como común denominador  la extravagancia creativa que no es comprendida por muchos pero que en cambio representa un valor esencial en el arte.

El concepto de kitsch ha estado presente en la Italia inquieta de los años 70 por un elegante señor, critico de arte y profesor de estética además de artista en primera persona, Gillo Dorfles.

En sus libros, Dorfles explica como una vez fue muy fácil distinguir entre arte y no-arte o kitsch, o sea, verdadera falsificación del arte. Hoy, sin embargo, esto no es posible dado que muchas formas de arte engloban el kitsch desde el principio. Esto ha pasado a partir del pop art, corriente artística que ha hecho propios elementos tomados de productos de consumo (botellas de coca cola, dentífricos, latas...) incluyéndolos en los cuadros.

Los divertidos enanitos de Disneylandia producidos recientemente por Kartell con diseño de Philippe Starck son un ejemplo típico de la fascinación ejercida por el kitsch sobre el diseño contemporáneo. Ellos representan uno de los ejemplos del kitsch entre los más difundidos, que se tiene cuando un elemento singular o una obra de arte entera es descontextualizada y empleada para alcanzar un fin distinto de aquel para el que había sido creada. ¿Ahora entendéis porque decíamos que las pequeñas reproducciones en alabastro de la torre de Pisa que hacen enloquecer a los turistas americanos son de verdad algo kitsch?

Marzo 2002



 



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